“España no ha hecho justicia con sus hijos”, dice el historiador Hasan Aurid

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Rabat, 5 mar (EFE).- “Es como si España tuviera un marido violento, que era la Inquisición, y hubiera abandonado a sus dos hijos, primero los sefardíes y luego a los moriscos. Ya es momento de reconciliarse con su propia historia”, propone el historiador marroquí Hasan Aurid.

Aurid, exhistoriador oficial del Reino de Marruecos y autor de “Le morisque” (2013), que narra la vida de un morisco granadino, saluda en una entrevista con Efe el paso dado por el Gobierno español para ofrecer la nacionalidad a los descendientes de sefardíes españoles, pero cree que “se ha quedado a medio camino” al no tener “un gesto de reconocimiento para con los moriscos”.

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Se calcula que más de 300.000 moriscos fueron expulsados de España por el rey Felipe III entre 1609 y 1613, en un momento de gran poder de la Inquisición, que les reprochaba no ser verdaderos cristianos y practicar el islam en la clandestinidad, además de constituir un potencial aliado de los piratas berberiscos y la flota turca.

Al salir de España, los moriscos se establecieron en Marruecos (en Rabat, Tetuán y Fez), además de Túnez, Argelia y hasta Trípoli.

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Los moriscos -sostiene Aurid- eran étnica y culturalmente españoles, y entre ellos había falsos cristianos junto a verdaderos e incluso junto a judíos. Su gran tragedia es que fueron vistos como malos cristianos en España, pero al llegar a África sufrieron el estigma de ser vistos como malos musulmanes.

Esto explica que hayan formado durante generaciones comunidades endogámicas, y los Carracho, Farchado o Bargachi (alteraciones de nombres como Carrasco, Furtado o Vargas) hayan mantenido costumbres heterodoxas como la afición por el vino o por ciertos platos de origen español, asegura.

Aurid diferencia entre la “aristocracia” de Al Andalus, que buscó refugio en la ciudad de Fez, donde se funde con la elite local, y el pueblo llano morisco, compuesto de agricultores y artesanos, que se instaló en Tetuán y Rabat, ciudad esta última donde pronto descollaron como piratas en la llamada “República corsaria de Salé”.

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Estos moriscos humildes ni siquiera conocían el idioma árabe, pues estaban totalmente integrados en sus pueblos de Andalucía, Murcia y Valencia (las regiones donde eran más numerosos), razón por la cual fueron vistos por los marroquíes durante mucho tiempo como un elemento extraño a la población local.

Los moriscos -prosigue- guardaron más relación con otros moriscos de Túnez, Orán o el mismo Trípoli, antes que con sus vecinos del interior de Marruecos, que recelaban de sus costumbres, sus palabras y hasta su acento extraño.

Al igual que los sefardíes, ha habido entre los moriscos el mito de la llave: familias que conservaban la llave de su casa en España no porque pensaran volver, sino porque era el símbolo de una patria perdida.

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Sin embargo, Aurid cree que la llave, cuando existió, era tan novelesca como las famosas lágrimas de Boabdil cuando su madre le reprochó llorar como una mujer lo que no supo defender como hombre.

El escritor reconoce que tampoco Marruecos ha hecho justicia con sus moriscos, relegándolos a una esquina de su historia oficial, y solo recientemente han aparecido asociaciones que reivindican una conciencia morisca o andalusí.

Así, una Asociación de Memoria de los Andalusíes, presidida por Nayib Loubaris (apellido procedente de “Olivares”) y que ha visto la luz recientemente, asegura que hay no menos de 600 familias en Marruecos que podrían tener una “trazabilidad” morisca.

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Limitados durante mucho tiempo a reclamaciones de genealogía, los descendientes de aquellos moriscos parecen moverse ahora en un registro más globlal de reivindicación de la memoria de todo un colectivo.

Para Aurid, lo sucedido a los moriscos fue una auténtica tragedia, explicable por razones históricas pero que “la España de 1978″ -como dice, en referencia a la Constitución- debería reconocer como Estado moderno que es.

“No me anima un espíritu incriminatorio, más bien de reconciliación. No creo que sea una cuestión de pedir perdón; ¿a quién se le pediría?, se trata de reconciliarse con sus propios hijos, que es como decir con su propia historia”, concluye.

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FUENTE QUE UTILIZO:

http://es.noticias.yahoo.com

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